miércoles, 14 de julio de 2010

EL SALVADOR: ¿Conviene o no mezclar a internos comunes y pandilleros?

¿Conviene o no mezclar a internos comunes y pandilleros?

CARLOS PONCE*
Máster en Criminología y Ciencias Policíacas

14 DE JULIO DE 2010
La insubordinación y rebeldía dentro del sistema penitenciario salvadoreño se ha convertido en algo cotidiano durante los últimos meses. Los internos recurren al desorden y desobediencia para que el esquema de trabajo carcelario se adecúe a las necesidades de la población reclusa, especialmente a las de carácter criminal. Esta estrategia parece haber cobrado más fuerza ahora que diversos analistas señalan que las autoridades y cabecillas pandilleros sostienen negociaciones secretas.

Algunos opinan que era lógico esperar un recrudecimiento de las medidas de presión por parte de los internos, ya que el resultado de las negociaciones beneficia más a un grupo de convictos que a otros y el proceso de peticiones y concesiones inevitablemente estaba destinado a convertirse en un ciclo vicioso interminable, debido a la naturaleza de las partes y la ilegitimidad y confidencialidad que implica este abordaje. Otros agregan que las agrupaciones delincuenciales más grandes y reconocidas están aliadas con la izquierda radical y, en consecuencia, se han convertido en un instrumento a través del cual se genera caos y desorden con fines políticos partidarios.

La semana pasada, en este contexto, los reos del centro penal de Apanteos, tradicionalmente sin ninguna afiliación a pandillas, protestaron por el traslado de pandilleros activos a ese presidio. Denunciaron que desde su llegada éstos han tratado de tomar el control de la población penitenciaria a través de la extorsión y otro tipo de victimización. Dejando a un lado las posibles implicaciones políticas de este extraño movimiento de reclusos, la medida ha despertado interés por debatir sobre la conveniencia o no de destinar centros penitenciarios exclusivamente para pandillas y otros para delincuentes que no forman parte de ellas.

Ciertos analistas argumentan que mantener ambos grupos separados ha ayudado a: (1) fortalecer las estructuras de mando de las pandillas; (2) establecer hegemonía entre sus subordinados; (3) consolidar el poder de los cabecillas; (4) mejorar la organización y coordinación intra-pandillera entre diferentes fracciones o clicas. Sin embargo, antes de revertir este abordaje y mezclar a todos los convictos sin importar su membrecía a grupos pandilleriles, es necesario analizar los posibles resultados.

La dinámica social dentro de los presidios está dictada por la peculiar subcultura que rige la conducta de los internos. A través ésta, se establecen las posiciones de influencia y poder, las cuales están asociadas con el rol que juegan los individuos o agrupaciones en la oscura economía de dicho submundo y a la superioridad individual o colectiva que poseen en términos de capacidad para ejercer violencia e influenciar la actividad criminal externa. En otros países este escenario es dominado por pandillas penitenciarias compuestas por diversas pandillas callejeras unidas por criterios raciales. Las alianzas entre estos grupos para hacerle frente al resto, es algo normal. La "Mafia Mexicana", por ejemplo, por años tuvo un pacto con la "Hermandad Aria", para pelear por el control del sistema penitenciario californiano contra la "Familia Guerrillera Negra" y "Nuestra Familia".

No es remoto, por lo tanto, inferir que mezclar a pandilleros con reos comunes se convierta en el precursor de una alianza entre las diferentes pandillas para controlar los centros penales y desplazar a los demás internos. Síntomas de coordinación inter-pandillera se han visto en las marchas en que han participado miembros de diferentes pandillas. También se ha observado cómo reconocidos criminales organizados como Fernando Palacios Luna, alias "El Negociador", han sucumbido ante las pandillas y pasado a formar parte de ellas. Consecuentemente, es importante profundizar este análisis y preguntarse si mezclar a pandilleros con reos comunes facilitará aún más la evolución de dichas agrupaciones, incrementando su peso e influencia en el bajo mundo.

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