jueves, 1 de abril de 2010

Salir del infierno: ¿puede un pandillero rehabilitarse?

Salir del infierno: ¿puede un pandillero rehabilitarse?

FUENTE: http://www.contrapunto.com.sv/index.php?option=com_content&view=article&id=2658:noticias-de-el-salvador-contrapunto&catid=57:categoria-violencia&Itemid=62


Las pandillas están en la calle reclamando derechos para los presos. Dicen que quieren cambiar y reinsertarse en la sociedad. Pero estudios psicológicos concluyen que algunos delincuentes violentos no pueden rehabilitarse.

Por Fernando de Dios

 

SAN SALVADOR - El pasado 3 de marzo, familiares y miembros de pandillas se manifestaron en San Salvador para pedir al Gobierno de Mauricio Funes que respete sus derechos en las cárceles y les ofrezca alternativas para rehabilitarse.

 

Pero las preguntas obligadas son: ¿hay programas de rehabilitación? Y si los hubiera, ¿no será ya demasiado tarde para algunos?

 

Jorge Alberto Castro, Coordinador del Programa Privados/as de Libertad de la Fundación Ideas y Acciones para la Paz Quetzalcoatl –que desde 1999 trabaja con reclusos— dice que existen programas de rehabilitación en las cárceles, pero no son productivos.

 

Desde antes de la fase de confianza, cuando las y los reclusos ha cumplido la mitad o dos terceras partes de la pena y ha sido evaluados favorablemente, se inicia un trabajo psicológico con la persona privada de libertad. Se incide en la agresividad, en violencia intrafamiliar y en tratamiento de drogodependencias. Después, tras una nueva evaluación, pasa a la fase de confianza y de ahí a la semilibertad, cuando laDirección General de Centros Penitenciarios (DGCP) tiene la obligación de buscarle un trabajo.

 

El problema, explica Castro, es que de las más de 22 mil personas que pueblan las cárceles de El Salvador, en la actualidad sólo están accediendo al programa de semilibertad alrededor de 90.

 

Por tanto, las medidas de rehabilitación no están siendo aplicadas.

 

"Nos damos cuenta que no existe la capacidad (del sistema penitenciario)", afirma el coordinador del programa de presos de la Fundación Quetzalcoatl.

 

Y añade que un 28 por ciento del total de presos y presas ya han cumplido la parte correspondiente de sus penas y deberían estar ya en semilibertad, pero no están accediendo a esos procesos por la mora judicial que soporta el sistema, que hace que no se les evalúe.

 

Y aunque así fuera, el caso de los pandilleros es excepcional. El artículo 92 A de la Ley Penitenciariaestablece que las personas pertenecientes a ciertas organizaciones y que hayan cometido ciertos delitos no pueden acceder a estos beneficios y deben cumplir sus penas íntegras. Los pandilleros están entre ellos.

 

Un pandillero en prisión

"Andy" –así lo vamos a llamar— perteneció a la Mara Salvatrucha (MS) y pasó en prisión 14 años. A los 17 años, cuando estaba estudiando bachillerato, uno de sus mejores amigos fue asesinado y él creyó que la mejor manera de vengarse era uniéndose a la pandilla.

 

Era el año 92, y las cosas eran diferentes a lo que son hoy. "Era como más hermandad, más unión, más respeto. Era como salir entre amigos a caminar, a vacilar, como decíamos" recuerda. De ahí pasó a abusar de las drogas y el alcohol.

 

"Comenzamos a andar de arriba para abajo y en una de ésas me metí en un problema, fui detenido y llegué a los centros penales", narra.

 

Ya en la cárcel, Andy comenta que se dieron cuenta de que se estaban violando los derechos de los presos, sus derechos humanos. Por ello, comenzaron a denunciar casos concretos ante la Fiscalía General de la República y consiguieron que personal de la prisión fuera removido de sus cargos.

 

Pero a partir de ahí, dice, comenzó una persecución contra ellos y les acusaron de graves delitos dentro de la cárcel. Fue trasladado en numerosas ocasiones, pasó por otras cárceles a lo largo y ancho del país y aquel sentimiento de abandono del principio se repetía en cada una de ellas.

 

Su larga trayectoria dentro del sistema penitenciario le ha hecho llegar a algunas conclusiones. La imposibilidad de acceder a los beneficios penitenciarios, dice, produce en los jóvenes pandilleros mucha impotencia.

 

"Es frustrante porque hay muchos jóvenes que se han esforzado por llenar los requisitos que exige la ley, pero por el simple hecho de ser pandilleros, aunque los cumplan no se los dan (los beneficios penitenciarios)", narra.

 

Ello, unido al aumento de penas que se ha producido durante los últimos años, según el ex pandillero, afecta psicológicamente a estos presos.

 

"Un joven de 18 años condenado a 103 años, a 120, cuando llega a la cárcel y se da cuenta que no hay nada que hacer, su mente empieza a maquinar en dos objetivos; primero a ver cómo se fuga; segundo ver cómo se venga de la gente que lo ha llevado ahí", asegura.

 

Aunque no están superpoblados como las cárceles, la situación también es tremendamente deficiente en los centros de menores regidos por el Instituto Salvadoreño para el Desarrollo Integral de la Niñez y la Adolescencia (ISNA).

 

El padre Antonio Rodríguez dirige el Centro de Capacitación y Orientación Padre Rafael Palacios, en Mejicanos, y colabora con el Juzgado Primero de Menores en la aplicación de medidas sustitutivas que los jueces imponen a estos jóvenes, parte de ellos pandilleros.

 

La organización en que está integrado su centro, el Servicio Social Pasionista, ha estado haciendo encuestas en varios de estos centros del ISNA.

 

Sus resultados son que un 97 por ciento de los jóvenes afirma que la cantidad y calidad de los alimentos que reciben es poca y mala. Un 75 por ciento ha consumido drogas en su interior, un 72 por ciento afirma que no hay programas para atender problemas de adicciones.

 

Un 60 por ciento de los menores dice que hay abusos verbales, físicos y coacción por parte de los custodios y a la mayoría no se le ha prestado la atención médica necesaria.

 

"Hay una desatención del cuido de la vida que el Estado tiene que garantizar a los privados de libertad, tanto en las cárceles como en los centros de menores", afirma el religioso.

 

Al igual que en las cárceles, en los centros de menores también son las medidas de régimen abierto las que mejores resultados han dado. La hoy directora del Consejo Nacional de Seguridad Pública (CNSP), Aída Luz Santos, fue jueza de menores durante 14 años.

 

"Las medidas de medio abierto son las más difíciles de cumplir y es donde se puede medir la responsabilidad" explica la jurista. Si se le están dando oportunidades y el joven no responde, entonces ya sólo queda la privación de libertad.

 

Durante su época como jueza, con estas medidas de régimen abierto, ella computó una reincidencia en los jóvenes de un 23 por ciento. De este modo, según Santos, la mayoría respondió a estas medidas y se acercó a una situación mejor que estando recluido en el centro de menores.

 

Trastorno de Personalidad Antisocial

Algunos pandilleros son muy difíciles de rehabilitar. Lo reconocen así tanto Homies Unidos, como Jorge Alberto Castro, como psicólogos que trabajan con ellos.

 

Un estudio del Departamento de Psicología de la Universidad de El Salvador (UES), titulado "Las pandillas, enfoque preventivo", hace un recorrido por la inmersión de un joven en la pandilla y en la cultura criminal.

 

Este trabajo señala que un factor común a la mayoría de los jóvenes que se unen a una pandilla es la baja autoestima.

 

Muchos de ellos, alrededor de un 80 por ciento según el Instituto Universitario de Opinión Pública (IUDOP) de la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas, provienen de entornos de pobreza y exclusión, de hogares desintegrados, han sido víctimas de violencia y maltrato

 

El proceso por el que un niño pasa a ser un delincuente en estas circunstancias es escalonado. Se va haciendo más complicado a medida que sus actos van evolucionando de pequeñas faltas a graves delitos.

 

Según explica el psicólogo forense de Medicina Legal y profesor en el Departamento de Psicología de la UES, Marcelino Díaz Menjívar, el propio proceso de integración en la pandilla es gradual.

 

De la pelea se pasa a la violación, mientras se consumen drogas, se cobran rentas para la clica, se hurta y se roba. También se practica el secuestro. Después, dada la disponibilidad de armas, se mata a un pandillero rival, más tarde a un comerciante, un conductor de autobús o un civil anónimo.

 

En esta etapa, según Díaz Menjívar, estos jóvenes sufren trastornos de conducta. Su personalidad se está conformando, aún son adolescentes, pero sus conductas ya son patológicas.

 

Dentro de un grupo armado, temido, que le protege y abastece de todo lo que necesita, su baja autoestima, su resentimiento acumulado, se convierten en arrogancia, agresividad, desafío a la autoridad y, por supuesto, violencia.

 

La violencia que ha sufrido y respirado desde que tiene uso de razón es ahora su instrumento. La aplica contra todo el que intente imponerle autoridad. No es inusual que estos jóvenes ataquen a sus padres. También desafían al maestro y por supuesto, a la Policía.

 

Según Jorge Alberto Castro, cada muerte es un ascenso del joven en el status de la clica y de la pandilla. Gana poder matando y además, infunde miedo en su entorno, lo que es muy rentable.

 

En términos psicológicos, estas personas, una vez adultas, sufren una patología mental. Según el citado estudio y el profesor Díaz Menjívar, El diagnóstico más certero para estas personalidades sería el Trastorno de Personalidad Antisocial. Las características esenciales de esta dolencia son el desprecio y violación de los derechos de los demás y la carencia de sentimiento de culpa.

 

La violencia se introduce en algunas de estas personas de tal manera que les empuja a practicarla de forma sistemática, pasando al descuartizamiento, la tortura, la quema de cuerpos e incluso al canibalismo, aunque éstos son casos aislados.

 

"Se convierten en asesinos en serie", afirma el psicólogo forense, y añade: "El asesino en serie siente la necesidad de matar. Matar es una forma de sentirse superior, de sentirse dios".  Una vez han matado, concluye el experto, estas personas son muy difíciles de rehabilitar.

 

Castro también ha comprobado que algunos de estos jóvenes son prácticamente irrecuperables.

 

"Dentro del grupo hay gente que sólo piensa en matar", dice. Y añade que es una patología, que se hacen adictos a matar. "Esta gente es bien difícil sacarla y tiene que pasarle algo muy fuerte para que puedan cambiar".

 

Pero no todos son iguales. Según Castro, hay una especie de clasificación dentro de las clicas. Algunos se encargan de reclutar, otros de cobrar rentas y luego están los sicarios, los que cometen los crímenes.

 

"Hay algo que alguien me dijo alguna vez, que la gente que más tatuada está es la que menos anda en la calle y es la que se utiliza para las cosas más gruesas" comenta.

 

Una sociedad enferma

"Las cosas más gruesas", es decir, hechos esporádicos, son elevadas a la categoría de representativas por una excesiva cobertura por parte de los medios de comunicación. Son árboles que no dejan ver el bosque.

 

La violencia de las pandillas no se produce en un entorno pacífico. Su actividad se enmarca en un contexto eminentemente violento, que es consecuencia de múltiples factores arraigados en la estructura social y el propio Estado.

 

El profesor Díaz Menjívar parte de una disciplina que él imparte, la psicopatología social, para estudiar cómo la sociedad enferma al individuo y cómo el individuo enferma a la sociedad.

 

"La salud o insanía de una sociedad se mide por sus índices de violencia", afirma. De modo que, de acuerdo a este análisis, la sociedad salvadoreña es un enfermo en estado grave.

 

Alguno de sus síntomas los describe con crudeza el padre Antonio. Señala que la impunidad, instalada en la sociedad sobre todo para las clases más ricas, ha roto la confianza de los ciudadanos en el Estado:

 

"La impunidad se ha hecho ley, con la Ley de Amnistía, que durante 20 años ha protegido a delincuentes en este país. En este momento necesitamos un abordaje para romper con la dinámica de la impunidad y la lógica de la amnistía".

 

Mientras no se realice ese abordaje, continúa el religioso, "en este país no habrá reconciliación, no habrá paz, porque no se fomenta una verdadera cultura de paz".

 

Otro síntoma, según la ex jueza Santos, es la falta de transparencia y la debilidad de las instituciones: " La Asamblea no quiere aprobar una ley de transparencia, tenemos un Tribunal de Ética sin competencias y la Procuraduría para la Defensa de los Derechos Humanos es meramente orientadora. Yo les daría más poder a esas instituciones".

 

"Cuando las instituciones son débiles, el crimen les supera", concluye la jurista.

 

En resumen, como explica Janette Aguilar, directora del IUDOP:

 

"Las estrategias represoras, junto a la preeminencia y profundización de factores como exclusión, marginación, falta de oportunidades, disponibilidad de armas y drogas, la presencia cada vez más fuerte del narcotráfico y la respuesta fallida del Estado, han facilitado la evolución de las pandillas a grupos armadosorganizados".

 

Y agrega: "El tratamiento errado desde el Estado ha permitido que se conviertan en verdaderas corporaciones, han permitido que se organicen en respuesta a la amenaza".

 

¿Por dónde empezar?

Todas las fuentes entrevistadas para este reportaje están de acuerdo en varias medidas que se deberían tomar a corto plazo tanto en prevención como en rehabilitación de jóvenes pandilleros.

 

Algo en lo que todos coinciden es en que si se pone atención sobre estos jóvenes y se les dan oportunidades de formación y alternativas de ocio y realización personal a los que aún se pueden recuperar, la mayor parte de ellos responden positivamente.

 

Para el profesor Díaz Menjívar, el más escéptico, es necesario el trabajo psicológico sobre estos jóvenes, de ser posible de manera individualizada. Aunque para él, toda la sociedad está necesitando tratamiento psicológico.

 

El padre Antonio incide en las acciones para la recuperación de la confianza entre los jóvenes y las comunidades. También, en la educación en valores y el fortalecimiento de la dimensión humana en sus conciencias.

 

Todos aseguran que la prevención debe ir dirigida fundamentalmente a los niños que aún no han entrado a las pandillas pero están en riesgo. Es decir, hay que trabajar en las comunidades donde operan las pandillas, comunidades por lo general pobres y con graves problemas de exclusión y violencia dentro de las propias familias.

 

Para ello, algunas instituciones están incidiendo en el trabajo con las alcaldías. El CSNP ha puesto en marcha Observatorios de la Violencia y Consejos de Prevención en los municipios; el Ministerio de Gobernación ha desarrollado un plan piloto de intervención integral en el Distrito Italia de Tonacatepeque. También investigadores de Medicina Legal les están ofreciendo apoyo psicológico.

 

Son los municipios los que más cerca están de estas comunidades y los que mejor pueden identificar sus problemas, decidiendo además si en un momento dado la situación requiere más prevención o más represión, como explica Santos de Escobar.

 

La directora del CNSP, el padre Antonio, la Fundación Quetzalcoatl, y también el ex pandillero Andy, por experiencia propia, coinciden en que el estigma de los que salen de un centro penal es tan grande que su reinserción en la sociedad, sobre todo hallar un empleo, se hace muy difícil.

 

Para ellos, se proponen medidas como reducir el tiempo que ha de pasar para que de su expediente se borren los antecedentes. Muchas de estas instituciones también tienen programas de eliminación de tatuajes.

 

Desde el punto de vista del sistema penitenciario, las carencias son enormes, pero el cambio de dirección es esperanzador, según Jorge Alberto Castro. También lo reconoce así el padre Antonio.

 

La DGCP, al frente de la cual está Douglas Moreno, ha constituido la Mesa Interinstitucional, que vela por la labor de las Mesas de la Esperanza articuladas en cada una de las prisiones del país. Éstas se implantaron desde el mes de julio del pasado año y, según Castro, permitieron que familiares, ONG's, iglesias y representantes de la propia DGCP entraran dentro de todas las cárceles para conocer la situación de primera mano.

 

A partir de ahí, se han suavizado algunas de las medidas más represivas, sobre todo las que afectan a las visitas de familiares y visitas íntimas. Según Castro, algunos reos están respondiendo y mejorando sus comportamientos.

 

También se está trabajando por la transparencia, con la publicación de los datos económicos de la DGCP, es decir, sacando a la luz en qué y cómo se gasta el dinero.

 

Por otra parte, se han removido de las direcciones de los penales a los ex militares que estaban en esa función, que la Constitución deja claro que no deben desempeñar.

 

Salir del infierno

El debate está en la calle, en los medios de comunicación, en la Asamblea y en las instituciones; ¿Por dónde empezar a luchar contra la ola de asesinatos que asola a El Salvador?; ¿Es necesario incrementar penas a menores?; ¿Se va a conseguir algo haciendo que criminales adolescentes purguen 15 años en lugar de 7 en prisión, como lo ha aprobado recientemente la Asamblea?

 

Las cárceles de El Salvador están pobladas por casi el triple de reclusos de los que pueden albergar y los centros de menores, aunque no están superpoblados, no están en una situación mejor. Las instituciones que deben aplicar las medidas punitivas no funcionan y las que deben investigar y condenar a esos delincuentes tampoco.

 

Por su parte, las pandillas se están manifestando para pedir derechos y están mostrando que están más organizadas que nunca. También, en difusos comunicados cuya representatividad es difícilmente comprobable, dicen haber llegado a un acuerdo entre ellas y planteado una tregua al Estado.

 

A poco que se estudia el fenómeno, sólo con pasar de la superficie, se puede concluir que las pandillas no son grupos homogéneos, que no todos sus integrantes son iguales. Sin dejar de lado la persecución del delito, las autoridades se están aplicando en nuevas estrategias más globales y sostenibles, enfocadas al trabajo preventivo en las comunidades.

 

Andy ha dejado la pandilla, pero trabaja porque muchos otros puedan darse cuenta de algunas cosas y tengan la oportunidad de cambiar.

 

"De lo que yo me di cuenta es de que hay muchas cosas que no valen la pena. He visto morir un montón de gente que ya no están conmigo y que realmente creo que murieron muy temprano, que pudieron haber dado más" afirma el ex pandillero.

 

Y concluye: "Para mí ha sido difícil porque el estigma es bien grande, y sigue existiendo, pero siempre estamos luchando por ir abriendo esos espacios y ser referentes de que sí se puede cambiar".

domingo, 21 de marzo de 2010

RELATO DE UN EX MARERO: Rehabilitado... pero siempre oculto

» En opinión de este ex pandillero, no es posible la rehabilitación en las cárceles. De hecho, los mareros entienden que es el lugar donde se "gradúan". Él decidió rehacer su vida al margen de las pandillas gracias a que lo internaron en un centro donde aprendió a amar un oficio: la carpintería

EL DIARIO DE HOY
21 DE MARZO DE 2010
Tomás es el nombre ficticio de un joven salvadoreño que perteneció a una de las pandillas y ha logrado rehacer su vida al margen de ellas. Lamentablemente, debido a la situación que se vive en el país, pese a poder ser un ejemplo para muchos jóvenes, ha de mantenerse en la clandestinidad.

De hecho, tuvo que mudarse de la capital, donde había instalado su empresa, porque mataron a dos de los muchachos que trabajaban con él. Y no ha sido la única ocasión en que debió huir. Tomás trata de corresponder a la suerte que tuvo incorporando a su empresa a jóvenes ex pandilleros o en peligro de pasar a integrar alguna de las pandillas. "Si te ayudaron, vos, naturalmente, estás ayudando", explica.

Su historia comienza como la de muchos jóvenes que ahora están muertos o en prisión. Nació hace 30 años en una comunidad marginal de la capital. "Soy de donde asusta", dice él. En aquel entonces, la guerra estaba en sus inicios y todavía no había pandillas. "Las balas eran de los guerrilleros y de los soldados", comenta.

Los pandilleros aparecieron en su barrio cuando él tenía 12 ó 13 años. "Llegaron como cuando lo hicieron los españoles a ver a los inditos, hablando de EE.UU., de la pandilla, de cómo se habla. Agarraban a un niño y causaban admiración", recuerda el ahora empresario.

En su opinión, la pandilla en aquel entonces era algo distinto de lo que es ahora. "En realidad era muy bonito, honestamente, porque había una hermandad, algo que se vivía. Si tenías un problema no era tuyo, era de todos. Nos sentíamos muy fuertes y había unas reglas claras". Estas reglas, según Tomás, consistían en respetar y cuidar a la gente de la colonia, en especial a los ancianos.

A su entender, ha habido una evolución de estas reglas. Pasaron de pegarse con piedras y garrotes a que las armas de fuego comenzasen a ser algo habitual. "Armas siempre han habido, pero ahora es por ley que tienes que matar para sobrevivir", sentencia.

Tomás entró en un círculo en el que los jóvenes comienzan admirando a alguien y queriendo ganarse el respeto de los demás. Ese respeto se gana demostrando que no se tiene miedo a nada. Un juego muy peligroso que lleva a una espiral de descontrol y violencia, especialmente cuando se trata de adolescentes.

Esa espiral fue la que llevó a Tomás a un centro de menores con apenas 16 años. Su mirada se llena de dolor y remordimientos al recordar los hechos que le llevaron a ese centro. Pero cuando llegó al centro aún no tenía estos sentimientos, muy al contrario, sólo pensaba en vengarse de aquellos que le habían denunciado ante la policía, ya que también eran mareros.

Respecto a la vida en el centro, afirma que había muchas peleas, ya que entonces todavía convivían en el mismo penal miembros de la MS y de la M18. Aún así, afirma que en la cárcel se vivía como querías vivir. "Si te quieres meter en problemas, te vas a meter en problemas. Si quieres estar tranquilo, puedes, aunque siempre tienes que andar con cuidado", describe.

Tomás sostiene que, desde la filosofía de la pandilla, la cárcel es como una graduación. "Te gradúas adentro. Cuando sales ya puedes mirar a la gente de otra forma y te ganaste el respeto".

OLOR A MADERA

El gran golpe de suerte de Tomás fue que cuando tenía cumplida parte de la pena, un programa de jueces de Unicef decidió internarlo en un centro de reinserción. Al principio, lo único que le hacía querer quedarse allí era la posibilidad de estar más cerca de la calle. Poco a poco, su actitud fue cambiando y fue adoptando hábitos de trabajo y estudio. "Antes casi no había trabajado", confiesa. Pero lo más importante es que aprendió a disfrutarlo.

"Descubrí que me gustaba el olor a madera, me gustó la carpintería y, de repente, te sientes orgulloso al ver lo que has hecho", revela. De este centro salió decidido a formar su propia empresa.

Pero este poco común final feliz queda empañado por una amenaza permanente y una continua situación de alerta. ¿Por qué? "Hay mucho resentimiento de lo que hiciste o de tus mismos compañeros porque ellos están presos y quieren verte cogido a ti también", responde.

No obstante, Tomás no abandona su actitud optimista. Señala que también hay muchos ex pandilleros que están muy bien, que están trabajando y han cambiado. Su opinión sobre la posibilidad de reinserción: "Es posible la rehabilitación, pero no en las cárceles. Es necesario brindar más oportunidades para los jóvenes porque si ellos están bien, todos lo estaremos".

miércoles, 10 de marzo de 2010

¿Quiénes se quieren disfrazar de pandilleros?

¿Quiénes se quieren disfrazar de pandilleros?



CARLOS PONCE
Máster en Criminología y Ciencias Policíacas
Miércoles 10 DE MARZO DE 2010
A principios de esta semana, un programa televisivo reveló los resultados de una encuesta desarrollada por la prestigiosa firma de sondeos Consulta Mitofsky, en la que se evaluó la opinión de los ciudadanos en relación al desempeño del Presidente Funes y el trabajo gubernamental en las áreas de economía, salud y seguridad. Entre los más importantes hallazgos presentados, figura el que aproximadamente 7 de cada 10 salvadoreños consideran que la situación de seguridad pública en el país está en decadencia. Esta cifra representa un incremento en la cantidad de personas que evalúan negativamente el tema, según lo obtenido en mediciones anteriores.

La percepción ciudadana capturada a través de dicho instrumento es congruente con la realidad planteada por la ascendente tendencia de la incidencia delincuencial, en donde el número de extorsiones y homicidios perpetrados a nivel nacional ha alcanzado niveles sin precedentes en años recientes. Sin embargo, además de enfrentar una mayor frecuencia en la comisión de ilícitos, otras encuestas similares a la antes mencionada han establecido que la población desconfía de las autoridades y opinan que su desempeño es pobre.

Los analistas explican que la ciudadanía ha percibido que lo titulares de las diferentes instituciones del sistema de seguridad han dado señales que indican que las están dirigiendo con sesgos político-partidarios. Agregan que el discurso oficial en relación al combate de la delincuencia se ha enfocado excesivamente en la prevención y no en la represión del delito, y que las diferentes y variadas iniciativas (incluyendo la última lanzada por el Ejecutivo) carecen de la estructura, cohesión y contundencia necesaria para despertar esperanza.

La semana anterior pandilleros y familiares de sus compañeros que se encuentran purgando penas dentro del sistema penitenciario, marcharon por las calles de San Salvador exigiendo diferentes prerrogativas y cambios en las prácticas correctivas en beneficio de los reos. Adicionalmente, durante su recorrido mancharon y destruyeron propiedad privada y consumieron droga al aire libre, todo ante la presencia de personal policial que se encargó de escoltar la manifestación. Algunos jefes policiales que solicitaron permanecer en el anonimato por miedo a represalias, revelaron a los medios de comunicación que habían recibido instrucciones que venían desde la Dirección General, específicamente prohibiéndoles actuar conforme dicta la ley en este tipo de incidentes.

La ciudadanía, como consecuencia, observó imágenes televisivas en donde pandilleros manchaban propiedad privada y fumaban marihuana en aparente custodia policial. Esto ha despertado un sentimiento de indignación generalizada, muy bien expresada por la Asociación Nacional de la Empresa Privada (ANEP) en un comunicado publicado el pasado lunes. En cualquier conversación amistosa en diferentes contextos sociales es inevitable que se inicie una discusión sobre el tema de seguridad, la inefectividad de los planes publicados y el perfil inadecuado de los titulares de las instituciones de la cartera correspondiente. He llegado hasta escuchar a abuelas bromear que irán adonde el Director de la Policía a solicitar seguridad para ir al parque con sus nietos, engañándole argumentando que sus hijos son pandilleros, para así asegurar que les dará escoltas y carros patrullas como en la manifestación para ir bien protegidos a jugar.

Las autoridades de seguridad tienen que presentar planes concretos que tengan efectos inmediatos que resuelvan la inseguridad experimentada por los salvadoreños. Además deben formular una estrategia de comunicaciones para atacar esta percepción de trato blando, si en realidad se pretende atacar la delincuencia frontalmente. La población, por otro lado, no debe de dejar de exigirle al gobierno el tratamiento que piensa debe de recibir la criminalidad.

viernes, 12 de febrero de 2010

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miércoles, 20 de enero de 2010

La importancia del carisma en la lucha contra la criminalidad



CARLOS PONCE
Máster en Crimonología y Ciencias Policíacas
MARTES, 19 DE ENERO DE 2010

Un breve análisis sobre las grandes y exitosas luchas contra la delincuencia revela un común denominador: el liderazgo público del esfuerzo por parte de figuras emblemáticas, cuyo desempeño los convirtió en sinónimos de seguridad. Eliot Ness contra el infame mafioso Al Capone y la prohibición en Chicago; Rudolph Giuliani contra la criminalidad y la Cosa Nostra en New York, y William Bratton contra la tradicional delincuencia en Los Ángeles, son ejemplos que ilustran fehacientemente lo antes argumentado. Dichos funcionarios diseñaron e implementaron innovadoras estrategias durante sus gestiones correspondientes, orientadas a la erradicación o control de situaciones delincuenciales nocivas para la seguridad ciudadana.

Dicho análisis también revela que estos líderes públicos, además de formular y ejecutar efectivos y adecuados planes operativos, poseían el suficiente carisma para lograr vender sus iniciativas ante la población y sus subalternos, asegurando así su máxima colaboración y, paralelamente, despertando en ellos el espíritu necesario para comprometerse totalmente a la ancestral lucha entre el bien y el mal. Esta combinación evidentemente es elemental para conducir y desarrollar estrategias anti-delincuenciales, orientadas a eliminar problemas criminales y que éstas tengan el efecto deseado. Ninguna de las actuales autoridades de seguridad pública en El Salvador posee el carisma que les permita ganar el acompañamiento del pueblo y el personal bajo su mando en el combate frontal de la criminalidad.

Lejos de ser carismáticos, dichos funcionarios, a través de sus declaraciones, actitudes y la forma de conducir sus respectivas instituciones, han propiciado que los policías y el pueblo salvadoreño en general, no crean en las soluciones que plantean para atacar la delincuencia o, por lo menos, no las acompañan. Por ejemplo, el enfoque generalizado de los responsables de combatir la delincuencia se ha concentrado en la prevención. La ciudadanía clama seguridad, pide a gritos que el Estado capture y saque de circulación a sus victimarios. Lógicamente, al escuchar que los esfuerzos de las autoridades se basan principalmente en evitar que nuevas personas se dediquen a la comisión de delitos, ha motivado a la población a adoptar cierta aversión a cualquier planteamiento, ya que éstos no constituyen una solución al problema inmediato que la aqueja.

Este razonamiento se ilustra perfectamente a través del sector transporte, que ha sido victimizado exponencialmente en los últimos meses. Altos jefes policiales argumentan que el incremento en la violencia se debe a deficiencias en la organización de dicha industria, los antecedentes de sus empleados, la competencia entre las empresas que lo conforman, en fin, hablan de presuntas causas pero no proponen soluciones concretas. Aunado a esto, otros funcionarios de seguridad siguen hablando de prevención desmedidamente, incrementando así la sensación que no se está haciendo nada por las necesidades inmediatas del pueblo. A esto se le suman declaraciones, como la del máximo jefe de policía a finales del año pasado, en la que externó que no mira soluciones a corto plazo para la criminalidad, que preocupan y desalientan más a los salvadoreños. Adicionalmente, el evidente predominio de lo ideológico sobre lo técnico en las instituciones de seguridad, cuya materialización y consecuencias se han discutido en artículos anteriores, condiciona aún más el potencial apoyo de la población.

Paralelamente, el personal policial sostiene que ha sido desmoralizado por otro tipo de afirmaciones inadecuadas hechas por titulares de seguridad. Recientemente, el director de la Academia Nacional de Seguridad Pública señaló que lo que los salvadoreños necesitan son "policías cerebrales, inteligentes", sugiriendo entonces que hasta el momento no existen policías que actúen racionalmente utilizando su materia gris. Este comentario, hecho sobre policías por alguien que no es policía, está completamente desligado de la idiosincrasia policial, resulta ofensivo para los policías y, por lo tanto, propicia escepticismo entre el personal policial y lo desmotiva a acompañar cualquier iniciativa oficial.

Debido a la crisis delincuencial en la que está sumergido, El Salvador necesita funcionarios de seguridad carismáticos, capaces de despertar la simpatía, confianza y acompañamiento de la ciudadanía y los profesionales del sistema de justicia penal de las diferentes instituciones en sus iniciativas contra la criminalidad. Consecuentemente, es imperante buscar nuevos rostros, personas profesionales de destacada trayectoria, para que tomen las riendas del aparato de seguridad salvadoreño..

sábado, 21 de noviembre de 2009

Noticias al 20 de noviembre 2009

Gobierno releva a guardia de penal para retomar control
La Prensa (Bolivia) - La Paz,Bolivia
Las cárceles de alta seguridad en el exterior tienen rigurosos mecanismos de controlpara que los internos respeten la disciplina, cumplan horarios, ...
2 mil reos peruanos salen de la cárcel con brazaletes GPS
La Razón (Bolivia) - Bolivia
El uso de brazaletes con GPS para el control de reos en prelibertad se da cuando los reos intentaron violar las medidas de seguridad. Lima, EFE.

lunes, 16 de noviembre de 2009

EL SALVADOR: Reclusos intentan amotinarse en demanda de mejoras



YENSY ORTIZ/ANGELA CASTRO
LUNES, 16 DE NOVIEMBRE DE 2009
Hace minutos ha concluido una reunión entre personal de Derechos Humanos y de la Dirección de Centros Penales, ante un intento de amotinamiento registrado en la penitenciaria de Izalco, en Sonsonate
Los internos han manifestado que demandan mejoras en aspectos como la visita, así como de infraestructura.